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Este blog es un espacio de encuentro para que conozcamos más acerca de nuestra fe, nos formemos en valores cristianos y nos enriquezcamos con la oración y la lectura del Evangelio. En él tendrás la posibilidad de compartir tus intenciones de oración e interceder por las intenciones de otros..

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Profundizamos en el significado de la Eucaristía (Santa Misa) y de la Eucaristía como sacramento. Conocerás más acerca de la liturgia católica y aspectos importantes de ella.

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Conocerás datos importantes sobre esta devoción y los testimonios reconocidos por la Iglesia, así como oraciones aprobadas. Podrás enviarnos tus intenciones de oración por tus seres queridos para orar por ellos en el Santo Rosario de cada noche a las 7.30 en nuestra página de facebook.

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Encontrarás el Evangelio, una reflexión, y el santo del día; a fin de contemplar la Palabra del Señor y a ejemplo de los santos, procurar hacerla vida en nosotros.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Modalidades

Clásicamente oración se define como " la elevación de la mente y el corazón hacia Dios". Jesús hace esto, radicalmente, siendo completamente honesto.

En su libro Paso Hacia la libertad, Martin Luther King relata cómo una noche, después de recibir una amenaza de muerte, él se asustó, se entregó al miedo, y, no muy diferente a Jesús en Getsemaní, literalmente, se derrumbó en el suelo con miedo, con soledad, con impotencia – y en oración. El confesó que su oración esa noche fue toda una súplica a Dios para que le permitiera encontrar una forma honorable de escapar, sin embargo Dios pidió algo más de él. He aquí sus palabras finales a Dios en oración:

"Aunque ahora tengo miedo. Las personas me están buscando por liderazgo, y si me presento ante ellos sin fuerza y valor?, ellos también se tambalearán. Estoy al final de mis poderes. No me queda nada. He llegado hasta el punto donde no puedo afrontarlo solo." Luego añade: "En ese momento sentí la presencia de Dios como nunca lo había experimentado antes." Un ángel le encontró.

Cuando oramos sinceramente, cualquiera que sea nuestro dolor, un ángel de Dios siempre nos encontrará.

"No sabemos orar como conviene", decía san Pablo en la carta a los Romanos. Nadie podría enseñarnos a orar como Jesús y, por eso, le suplicamos como sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar". El Espíritu viene en nuestra ayuda. Y nos enseña a través de personas inspiradas, que nos comunican su experiencia de oración y nos muestran el camino.

El Evangelio nos enseña qué es lo que pide el Señor:

Llega la hora -dice- en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque Dios es espíritu y, por esto, tales son los adoradores que busca.

Nosotros somos los verdaderos adoradores y verdaderos sacerdotes, ya que, orando en espíritu, ofrecemos el sacrificio espiritual de la oración, la ofrenda adecuada y agradable a Dios, la que él pedía, la que él preveía.

Esta ofrenda:

Ofrecida de corazón
Alimentada con la fe
Cuidada con la verdad
Íntegra por la inocencia
Limpia por la castidad
Coronada con el amor
Es la que debemos llevar al altar de Dios, con el acompañamiento solemne de las buenas obras, en medio de salmos e himnos, seguros de que con ella alcanzaremos de Dios cualquier cosa que le pidamos.

La oración escuchada

¿Qué podrá negar Dios, en efecto, a una oración que procede del espíritu y de la verdad, si es él quien la exige? Hemos leído, oído y creído los argumentos que demuestran su gran eficacia.

En tiempos pasados, la oración liberaba:
Del fuego
De las bestias
De la falta de alimento,
y sin embargo no había recibido aún de Cristo su forma propia.

¡Cuánta más eficacia no tendrá, pues, la oración cristiana! Ciertamente:
No hace venir el rocío angélico en medio del fuego,
Ni cierra la boca de los leones,
Ni transporta a los hambrientos la comida de los segadores (como en aquellos casos del antiguo Testamento);
No impide milagrosamente el sufrimiento,
sino que, sin evitarles el dolor a los que sufren,
los fortalece con la resignación,
con su fuerza les aumenta la gracia para que vean, con los ojos de la fe, el premio reservado a los que sufren por el nombre de Dios.

En el pasado, la oración:
Hacía venir calamidades
Aniquilaba los ejércitos enemigos
Impedía la lluvia necesaria.

Ahora, por el contrario,
La oración del justo aparta la ira de Dios,
Vela en favor de los enemigos,
Suplica por los perseguidores.
¿Qué tiene de extraño que haga caer el agua del cielo, si pudo impetrar que de allí bajara fuego?
La oración es lo único que tiene poder sobre Dios; pero Cristo no quiso que sirviera para operar mal alguno, sino que toda la eficacia que él le ha dado ha de servir para el bien.

Por esto, su finalidad es:
Servir de sufragio a las almas de los difuntos
Robustecer a los débiles
Curar a los enfermos
Liberar a los posesos
Abrir las puertas de las cárceles
Deshacer las ataduras de los inocentes.

La oración sirve también
Para perdonar los pecados
Para apartar las tentaciones
Para hacer que cesen las persecuciones
Para consolar a los abatidos
Para deleitar a los magnánimos
Para guiar a los peregrinos
Para mitigar las tempestades
Para impedir su actuación a los ladrones
Para alimentar a los pobres
Para llevar por buen camino a los ricos
Para levantar a los caídos, para sostener a los que van a caer
Para hacer que resistan los que están en pie.

El cosmos en oración

Oran los mismos ángeles
Ora toda la creación
Oran los animales domésticos y los salvajes, y doblan las rodillas y, cuando salen de sus establos o guaridas, levantan la vista hacia el cielo y con la boca, a su manera, hacen vibrar el aire.
También las aves, cuando despiertan, alzan el vuelo hacia el cielo y extienden las alas, en lugar de las manos, en forma de cruz y dicen algo que asemeja una oración.

¿Qué más podemos añadir acerca de la oración? El mismo Señor en persona oró; a él sea el honor y el poder por los siglos de los siglos.


Anteriormente les contamos algunas modalidades de oración, hoy vamos a conocer otras y en nuestra próxima entrega aprenderemos acerca de los tipos de oración.



Oración de Ofrecimiento: 

Es una forma de orar en la que se ofrece al Señor prescindir de algo que no conviene pero que se ama mucho o a lo que se está muy apegado por amor a Él y deseo de no ofenderle. También se le puede ofrecer llevar a cabo un acto o gesto que cuesta mucho trabajo pero que se hará en Su nombre solamente por agradarlo. Otra forma es ofrendar una situación, ya sea para ponerla en Sus manos aceptándola aunque sea difícil o bien para honrarlo a Él por las bendiciones que dicha situación ha traído. Es así como se le puede ofrecer la llegada de un hijo, lograr los grados del bachillerato o de la universidad, la resignación frente a la muerte de un ser querido, obtener el empleo deseado, etc, ofreciendo todo a Él como dueño y creador de cuanto existe.





En la publicación anterior les contamos acerca de algunas modalidades de oración, hoy vamos a explicarles en qué consiste cada una.

I. La bendición y la adoración

La oración de bendición busca explícitamente la bendición de Dios, es decir, que su bendición venga sobre nosotros. Al bendecir, es la palabra de Dios Creador la que viene sobre nosotros, por ejemplo, en el caso de Abraham «Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre (…) Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra» (Gn 12,2-3), y de esta bendición son herederos también sus descendientes (Gn 22,18).

Durante la celebración litúrgica, la bendición se recibe desde la dimensión de la trinidad manifiesta en ese Dios Padre que crea, Dios Hijo que salva y Dios Espíritu Santo que fortalece y derrama sobre nosotros los dones de Dios.

Cuando pedimos la bendición queremos ser protegidos, consagrados, puestos al cuidado de nuestro Señor, de ahí que sea común que quienes se aman se bendigan entre sí, además vemos también la importancia y el poder de la bendición impartida por el sacerdote en virtud del poder sacerdotal que en él habita.

Vamos ahora a conocer lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica acerca de la oración de bendición.

“2626 La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición.

2627 Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre (nosotros le bendecimos por habernos bendecido; cf Ef 1, 3-14; 2 Co 1, 3-7; 1 P 1, 3-9); o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre (es Él quien nos bendice; cf 2 Co 13, 13; Rm 15, 5-6. 13; Ef 6, 23-24).”

En el caso de la oración de adoración, nos reconocemos como seres totalmente dependientes del Señor, en ella exaltamos su gran poder porque de Él ha brotado todo cuanto existe, hasta nosotros mismos. Es una oración de total entrega en la que lo reconocemos como Dueño y Señor de nuestra vida. El mismo Jesús nos dio un ejemplo de esto cuando fue tentado por Satanás en la respuesta que le dio:” Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás” (Mt. 4, 10) (de Dt 6,13-14). Tenemos entonces que la oración de Adoración, sin desmeritar a las otras formas de oración, es la más elevada, porque en ella nos reconocemos como posesión de Dios, creaturas y criaturas Suyas, en el primer caso porque fuimos creados por Él y en la segunda porque seguimos siendo protegidos por Él y en ésta medida, siendo ÉL NUESTRO Dueño y Señor, debemos aspirar a vivir conforme a Su Santa Voluntad.

Es muy común que cuando empezamos a orar lleguemos primero a las peticiones y tal vez a la acción de gracias o viceversa, pero pocas veces recordamos quién es nuestro señor, si pensáramos en la oración de Adoración y la pusiéramos en práctica con mayor frecuencia entenderíamos la grandeza, el poder de Dios y estaríamos más confiados y menos desesperanzados o temerosos frente a las dificultades.

Ahora, apoyados en el Catecismo de la Iglesia Católica, ampliemos lo anterior.
2628 La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho (cf Sal 95, 1-6) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el “Rey de la gloria” (Sal 14, 9-10) y el silencio respetuoso en presencia de Dios “siempre [...] mayor” (San Agustín, Enarratio in Psalmum 62, 16). 

La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.


II. La oración de petición

En ella expresamos a Dios nuestra profunda confianza en Él, nos reconocemos como seres limitados y necesitados que humildemente acuden a ese Padre amoroso, un buen ejemplo es el PADRE NUESTRO. En él se inicia con una oración de adoración: “Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea Tu Nombre” pero, a continuación, sigue y culmina con oración de petición. En esta clase de oración manifestamos al Señor situaciones concretas en las que queremos que intervenga. 

Pedir auxilio, manifestar un deseo, alcanzar el perdón, etc.

Algunas citas bíblicas que nos respaldan son:

Todo cuanto pidiereis en la oración, si tenéis fe, lo alcanzaréis. Mt 21, 22; Mc 11, 24.
En verdad os digo, que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá. Jn 16, 23.
Si alguno de vosotros se halla falto de sabiduría, pídala a Dios y le será otorgada, pues a todos da con largueza y sin reproche. Sant 1, 5.
Pedid y recibiréis, dice, llamad y se os abrirá (Mt 7, 7

La oración de petición nos acerca en confianza al Señor porque sabemos que Él tomará nuestra oración y obrará en ella con sabiduría y justicia.

En el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos:

“2629 El vocabulario neotestamentario sobre la oración de súplica está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, e incluso “luchar en la oración” (cf Rm 15, 30; Col 4, 12). Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la petición: Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él.

2630 El Nuevo Testamento no contiene apenas oraciones de lamentación, frecuentes en el Antiguo Testamento. En adelante, en Cristo resucitado, la oración de la Iglesia es sostenida por la esperanza, aunque todavía estemos en la espera y tengamos que convertirnos cada día. La petición cristiana brota de otras profundidades, de lo que san Pablo llama el gemido: el de la creación “que sufre dolores de parto” (Rm 8, 22), el nuestro también en la espera “del rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación es objeto de esperanza” (Rm 8, 23-24), y, por último, los “gemidos inefables” del propio Espíritu Santo que “viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26).

2631 La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición (cf el publicano: “Oh Dios ten compasión de este pecador” Lc 18, 13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7-2, 2): entonces “cuanto pidamos lo recibimos de Él” (1 Jn 3, 22). Tanto la celebración de la Eucaristía como la oración personal comienzan con la petición de perdón.

2632 La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda del Reino que viene, conforme a las enseñanzas de Jesús (cf Mt 6, 10. 33; Lc 11, 2. 13). Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, a continuación lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida. Esta cooperación con la misión de Cristo y del Espíritu Santo, que es ahora la de la Iglesia, es objeto de la oración de la comunidad apostólica (cf Hch 6, 6; 13, 3). Es la oración de Pablo, el apóstol por excelencia, que nos revela cómo la solicitud divina por todas las Iglesias debe animar la oración cristiana (cf Rm 10, 1; Ef 1, 16-23; Flp 1, 9-11; Col 1, 3-6; 4, 3-4. 12). Al orar, todo bautizado trabaja en la Venida del Reino.

2633 Cuando se participa así en el amor salvador de Dios, se comprende que toda necesidad pueda convertirse en objeto de petición. Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre (cf Jn 14, 13). Con esta seguridad, Santiago (cf St 1, 5-8) y Pablo nos exhortan a orar en toda ocasión (cf Ef 5, 20; Flp 4, 6-7; Col 3, 16-17; 1 Ts 5, 17-18).”

III. La oración de intercesión

Es aquella en la que oramos por los demás, en ésta clase de oración salimos de nosotros mismos para pensar en el prójimo y nos convertimos en intercesores ante Dios de sus necesidades. En el Nuevo Testamento, Cristo se nos muestra como el intercesor por excelencia, al morir por nuestras culpas, Jesús se hizo mediador entre los hombres y Dios y por ello la oración cristiana está llamada a ser intercesora de unos por otros “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5). “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:34).

Todos estamos llamados a ser intercesores ante Dios por nuestros hermanos y recordemos que no solamente debemos orar por nuestros seres queridos, el mérito mayor está en orar por quienes nos lastiman, por quienes nos rechazan, orar por los enemigos. El Papa Francisco constantemente pide que oremos por él, éste es un claro ejemplo de la importancia de la oración de intercesión.

En el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos “2634 La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular (cf Rm 8, 34; 1 Jn 2, 1; 1 Tm 2. 5-8). Es capaz de “salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor” (Hb 7, 25). El propio Espíritu Santo “intercede por nosotros [...] y su intercesión a favor de los santos es según Dios” (Rm 8, 26-27).

2635 Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca “no su propio interés sino [...] el de los demás” (Flp 2, 4), hasta rogar por los que le hacen mal (cf. San Esteban rogando por sus verdugos, como Jesús: cf Hch 7, 60; Lc 23, 28. 34).

2636 Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta forma de participación (cf Hch 12, 5; 20, 36; 21, 5; 2 Co 9, 14). El apóstol Pablo les hace participar así en su ministerio del Evangelio (cf Ef 6, 18-20; Col 4, 3-4; 1 Ts 5, 25); él intercede también por las comunidades (cf 2 Ts 1, 11; Col 1, 3; Flp 1, 3-4). La intercesión de los cristianos no conoce fronteras: “por todos los hombres, por [...] todos los constituidos en autoridad” (1 Tm 2, 1), por los perseguidores (cf Rm 12, 14), por la salvación de los que rechazan el Evangelio (cf Rm 10, 1).”

IV La oración de acción de gracias


En esta forma de oración agradecemos al Señor por muchas razones, entre ellas: El ser escuchados, su amor, su protección, su cercanía, su obrar en nosotros, en los otros, etc.

Jesús dice: ´Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos...´ (Mt 11, 5). Con la expresión ´Te alabo´, Jesús quiere significar la gratitud por el don de la revelación de Dios, porque ´nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quisiere revelárselo´ (Mt 11, 27). Al orar en acción de gracias, estamos siendo conscientes del don de Dios en nosotros, de su cercanía y entrega a ese Pueblo que Él ama. En varios pasajes Jesús nos muestra varias oraciones de este tipo:  ´Padre te doy gracias porque me has escuchado´ (Jn 11, 41). En la multiplicación de los panes (junto a Cafarnaún) ´Jesús tomó los panes y, dando gracias, dio a los que estaban recostados, e igualmente de los peces...´ (Jn 6, 11). 

Finalmente, en la institución de la Eucaristía, Jesús, antes de pronunciar las palabras de la institución sobre el pan y el vino ´dio gracias´ (Lc 22, 17; cfr., también Mc 14,23; Mt 26, 27).

En varios libros de la Biblia como los Salmos, Eclesiástico y en la propia celebración eucarística, se habla específicamente de la acción de gracias,  San Pablo le decía a los efesios” Den gracias a Dios por todo porque esta es la voluntad de Dios”(1 Ts.5, 16-18). El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “2637 La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para 
su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.

2638 Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas de san Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y el Señor Jesús siempre está presente en ella. “En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5, 18). “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col 4, 2).

V Oración de alabanza


Esta forma de oración nace de quien vive confiado en Dios, que se acoge a Él y lo reconoce en todos los acontecimientos. Al orar en alabanza al Señor, el centro es Dios mismo, es entrar en una fuerte intimidad con Él, olvidarse de las necesidades para solamente reconocerlo presente, grandioso, acogiéndonos a Su Voluntad en actitud de adoración y glorificación.

En los Salmos vemos muchos ejemplos de por qué orar de ésta manera. “Reconocer la grandeza y poderío de nuestro Dios. (Salmo 66:1-4) Lo más difícil para el hombre natural es reconocer que él hizo todas las cosas y por lo tanto merece que todos le adoremos y nos postremos delante de Él. (Salmo 95:5-7). Es necesario Creer que Jesús es el Señor para adorarle. (Juan 9:38)

Citamos del Catecismo: “2639 La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término: “un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Co 8, 6).

2640 San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los Hechos de los Apóstoles: la comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el tullido curado por Pedro y Juan (cf Hch 3, 9), la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los gentiles de Pisidia que “se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor” (Hch 13, 48).

2641 “Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5, 19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2, 6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta “maravilla” de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3, 20-21; Judas 24-25).



MODALIDADES PRINCIPALES SEGÚN NUESTRO CATECISMO CATÓLICO




I. La bendición y la adoración



II. La oración de petición



III. La oración de intercesión


IV. La oración de acción de gracias

V. La oración de alabanza




En nuestra próxima entrega te explicaremos un poco acerca de éstas modalidades de oración y publicaremos algunas de ellas.

DEVOCIONES


Probablemente te has preguntado por el origen de algunas devociones que se han popularizado y hasta dónde son importantes o necesarias para nuestra vida de fe. 

Como ya dijimos en la publicación pasada, una devoción es una práctica que no es obligatoria, que complementa nuestras acciones piadosas y que, aunque trae beneficios, no practicarlas no constituye una falta. Entre las más populares, citábamos El Ángelus, los Triduos, El Santo Rosario, la Hora Santa, el Viacrucis, las Novenas, Coronillas y Consagraciones. Conozcamos un poco más al respecto.

LA HORA SANTA


La hora santa es una práctica de origen divino. En una de sus apariciones a Santa Margarita María de Alacoque Jesús le dijo; "Todas las noches del jueves al viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a mi Padre, te postrarás con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores".

Pío XI, al comienzo del año Santo, exhortó al ejercicio de la Hora Santa como un "obligado y amoroso recuerdo de las amargas penas que el Corazón de Jesús quiso soportar para la salvación de los hombres". Ya antes, en su carta encíclica sobre la expiación que todos deben al Sagrado Corazón de Jesús "Miserentissimus Redemptor" [1] (8-V-1928) señaló: el Corazón de Jesús "para reparar las culpas recomendó esto, especialmente grato para El: que usasen las súplicas y preces durante una hora (que con verdad se llama Hora Santa), ejercicio de piedad no sólo aprobado, sino enriquecido con abundantes gracias espirituales". En otra ocasión explicó que "su fin principalísimo es recordar a los fieles la pasión y muerte de Jesucristo, e impulsarles a la meditación y veneración del ardiente amor por el cual instituyó la Eucaristía (memorial de su pasión), para que purifiquen y expíen sus pecados y los de todos los hombres". (21-III-1933).

Se trata por tanto de dedicar una hora a meditar los misterios cuando Cristo se sintió sólo y débil, como nosotros, y pide al Padre aparte el cáliz. Una hora para acompañarle, como el Ángel del huerto, en cuanto podemos, místicamente, junto al sagrario. Es una hora para volcar en su Sagrado Corazón todos nuestros afanes y sufrimientos, y recibir su gracia para sobrellevarlos. Una hora en definitiva, para agradecer su sacrificio y aprender de Él.

PRÁCTICA DE LA HORA SANTA


Muchas personas no practican esta devoción porque envuelve un gran sacrificio. Esta devoción no es obligatoria. Pío XI facilitó el tiempo para la Hora Santa al fijarlo desde la puesta del sol hasta su salida, aunque la hora más indicada es la de once a doce en la noche del jueves a viernes. Cualquier lugar es válido aunque es preferible la Iglesia y ante el sagrario a ser posible.

En cuanto a las oraciones, no hay nada fijo establecido, pero a juzgar por las palabras de Nuestro Señor a santa Margarita, lo más propio parece ser la meditación de su amarga Pasión y Agonía, su grandísima humillación, su infinito amor no correspondido, y los ultrajes hechos a su divina Majestad.

La Hora Santa se puede llenar por tanto, con varias devociones, como por ejemplo: leer por espacio de quince minutos la agonía de Nuestro Señor y luego meditar otros tantos minutos lo leído; o hacer el devoto ejercicio del Vía Crucis o del Rosario doloroso. Sea cual sea la devoción elegida lo importante es que debe ofrecerse todo ello por la conversión de los pecadores, tal y como Jesús mismo manifestó a santa Margarita.


EL SANTO VÍA CRUCIS


El Vía Crucis consiste en recorrer espiritualmente el camino que hizo Jesús hasta el monte Calvario mientras cargaba la Cruz, así como la oportunidad de interiorizar en su sufrimiento.

Sobre su significado, “Vía Crucis” significa en latín “El camino de la Cruz”. Este camino está compuesto por 14 estaciones que representan ciertas escenas de la Pasión, cada uno correspondiente a un incidente en particular o la forma especial de devoción relacionada con tales representaciones.

Antiguamente el número de estaciones variaba considerablemente en diferentes lugares, el Magisterio ahora prescribe catorce:

1. Cristo es condenado a muerte
2. Jesús es cargado con la Cruz
3. Su primera caída
4. Se encuentra con su Santísima Madre
5. Simón de Cirene es obligado a cargar la cruz
6. La Verónica limpia el rostro de Cristo
7. Su segunda caída
8. Su encuentro con las mujeres de Jerusalén
9. Su tercera caída
10. Jesús es despojado de sus vestiduras
11. Su crucifixión
12. Su muerte en la cruz
13. Su cuerpo es bajado de la cruz
14. Es colocado en el sepulcro


EL ÁNGELUS


Es una oración Mariana en la que podemos encontrar pasajes del Evangelio que narran el misterio de la Encarnación de Jesús. Algunos afirman que ésta oración fue redactada  por el Papa Urbano II y otros dicen que fue el Papa Juan XXII. Lo cierto es que inicialmente la práctica del Ángelus se llevaba a cabo al oscurecer, el Papa Juan XXII, por su bula del 7 de mayo de 1327, ordenó que “cuando se oyera la campana de la oración, se recitase tres veces el Ave María.”, obteniendo una indulgencia de treinta días. Se ordenó que al sonar las campanas, se dijese de rodillas la oración.
El Concilio de Lavaur, efectuado en 1368 ordena que hagan tocar la campana también al salir el sol, bajo pena de excomunión a los rectores o sacerdotes que no lo cumplan, a fin de que la gente interrumpa sus labores y realice la oración consistente para ese entonces en cinco Padre Nuestros en honor de las cinco llagas del Señor y en siete Avemarías en honor a los siete gozos de la Virgen. Tras un año después del Sínodo de Bezieres  ordena  que la campana se toque tres veces y se rezarán tres Padre Nuestros y tres Avemaría para ganar una indulgencia de veinte días. Otros historiadores afirman que la costumbre de recitar el Ángelus tres veces al día se debe al rey francés Luis XI quien lo ordenó en 1472, sin embargo, esto también se atribuye a Calixto III en 1456. Lo cierto es que la costumbre de recitar el Ángelus tres veces al día, según un manuscrito inglés encontrado en 1576, se debe a que al recitarlo en la mañana se conmemora la Resurrección del Señor, al mediodía para conmemorar la Pasión del Señor y al oscurecer recordando el momento de la Encarnación, pues se cree que a esa hora le fue anunciada a la Virgen María. Posteriormente el Ángelus fue transformado hasta quedar conformado por el rezo de tres Avemarías seguidas intercaladamente de un versículo y una antífona.
Concilios como el de Amalfi en 1957 y Colonia en 1627 contemplaron que al recitar el Ángelus se uniera el recuerdo de los difuntos y un toque de campana adicional en su sufragio.    
En 1742 Benedicto XIV estableció que los domingos  se rezara la oración de pie y que fuera reemplazada por el Regina Coeli en tiempo pascual.   
El 14 de septiembre de 1724, Benedicto XIII otorga una indulgencia plenaria a quienes tras haber recibido la absolución y participar de la sagrada Eucaristía una vez al mes repita tres veces de rodillas, tres veces al día la salutación en los momentos estipulados orando por los príncipes cristianos, la abolición de las herejías   y el esplendor de la Iglesia. También concede cien días de indulgencia a quien lo recite con verdadera contrición una vez.
En 1815 Pio VII le añadió tres Gloria al Padre en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los dones otorgados a la Virgen.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, la práctica de Pio XII de recitar el Ángelus al mediodía rescató esa tradición entre los fieles. Luego Juan XIII decidió colocar la oración antes de la bendición apostólica, costumbre que hasta hoy continúa vigente entre le Obispo de Roma y los fieles romanos y peregrinos.













Una devoción es una práctica de fe personal, que no es obligatoria y que se practica comúnmente por un grupo de personas que se siente identificada con esa práctica concreta. Si bien cada devoción busca fortalecer la fe y mejorar la vida de oración, el no realizarla no significa que se incurra en una falta grave o negligente.
Seguramente las primeras que expondremos hoy te serán muy familiares. Déjanos tus comentarios y cuéntanos si las pones en práctica. En próximas entregas vamos a ir contándote el origen de algunas de ellas y conoceremos otras devociones.
El rezo del Ángelus.

Los Triduos.

El Rosario.

La Hora Santa.

El Vía Crucis.

Novenas.

Las coronillas.

Consagraciones.









TRIDUO


Del latín tridŭum espacio de tres días.

Los triduos son momentos en los que durante tres días consecutivos se realizan celebraciones, oraciones o memorias  en los que se contempla siempre una misma intención por ese espacio de tiempo.

Los triduos tuvieron su origen a partir de la celebración del Triduo Pascual.
El Triduo Sacro, también llamado Triduo Pascual, en el que se celebra la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor, tiene su origen en el desglose de la primitiva y única celebración pascual cristiana que tenía lugar la noche del sábado al domingo de Pascua con la iniciación de los nuevos cristianos; entonces se celebraba el misterio de la muerte y vida que encierra esta fiesta, y la misma hora de la liturgia, de la noche al día, servía de ambientación.
Posterior a esto surgen los triduos como forma, ya sea de pedir una gracia especial, o para honrar al santo en alguna fiesta suya.

EL SANTO ROSARIO

El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio de los laicos. En esa época los monjes rezaban los 150 salmos, pero como la mayoría de los laicos no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Después se formaron otros tres salterios que incluían 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

En el año 1365 se combinaron los cuatro salterios. Se dividieron las 150 Aves Marías en 15 decenas y se puso un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios. En el año 2002 el Papa San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos. Con ello, se cuentan actualmente 20 misterios en el Santo Rosario.

La palabra Rosario significa "Corona de Rosas". La Virgen María ha revelado a muchas personas que cada vez que rezan un Ave María le entregan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. Así como la rosa es la reina de las flores, el Rosario es la rosa de todas las devociones y, por lo tanto, es la más importante.

El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque se meditan los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos están distribuidos en los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos.

El Rosario está compuesto por dos elementos: oración mental y oración verbal. La primera consiste en la meditación de los cuatro misterios. La oración verbal consiste en recitar las veinte decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María encabezadas por un Padre Nuestro.
Es una oración simple, humilde como María y que podemos rezar con ella. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros. Al unir su oración a la nuestra, esta se hace más poderosa porque la Virgen siempre recibe lo que ella pide.

Por otro lado en cada una de sus apariciones, nos invita a rezar el Rosario como un arma poderosa en contra del maligno, para traernos la verdadera paz.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Además, le encomendó la tarea de propagar su devoción.

Esta cobró fuerza en la cristiandad tras la Batalla de Lepanto en 1571. Los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta de la amenaza inminente. El Papa Pío V pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión musulmana se hizo certera.

El 17 de septiembre de 1569 el Papa pidió que se rezase el Santo Rosario. Para salvar a la cristiandad se formó la Liga Santa, conformada por los Estados Papales, el Reino de España, la República de Venecia, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta.

El 7 de octubre de 1571 la Liga Cristiana, comandada por Don Juan de Austria, se enfrentó a la flota musulmana en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. Antes del combate las tropas cristianas rezaron devotamente el Santo Rosario para vencer a un enemigo superior en número y buques de guerra.

La batalla de Lepanto duró muchas horas pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. Mientras el combate naval transcurría, en Roma el Papa Pío V rezaba el Rosario en su capilla. De repente el Papa salió y, por aparente inspiración, anunció con gran calma a todos los presentes que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos.

Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quien, desde un principio, atribuyó el triunfo de la Liga Cristiana a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.

Como agradecimiento a la Virgen María, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra actualmente el 7 de octubre.

La Batalla de Lepanto no fue la única vez donde la devoción al rezo del Santo Rosario se manifestó con poder. Un siglo más tarde, los turcos sitiaron Viena, la capital de Austria. Las fuerzas del enemigo eran superiores y si conquistaban la ciudad Europa caía. Ante esta posible desgracia, el emperador rogó a Nuestra Señora del Rosario que los protegiera.

Hubo una sangrienta batalla y cuando todo parecía perdido, llegó el rey de Polonia, Jan Sobieski, el 12 de septiembre de 1716, día de la fiesta del Santo Nombre de María, al mando de un ejército cristiano y derrotó a los turcos.

También el 5 de agosto de 1716, el príncipe Eugenio de Saboya, comandante de los ejércitos cristianos, venció a los turcos. En aquel entonces ese día se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves.

El Papa Clemente atribuyó la victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia universal.



Novena a San Juan Bosco

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TRIDUO A DON BOSCO -- DÍA 1


Triduo a don_bosco_dia_1


TRIDUO A DON BOSCO DÍA 2


TRIDUO A DON BOSCO DÍA 2 


TRIDUO A DON BOSCO DÍA 3






Oraciones Variadas




 “Los Salmos han sido, desde hace más de 30 siglos, el camino privilegiado de oración de millones de hombres y mujeres creyentes y cuando nosotros los acogemos, entramos en el diálogo ya comenzado entre Dios e Israel y nos introducimos en la oración del mismo Jesús. Orar con los salmos es reconocer nuestra pertenencia y vinculación a la fe de las generaciones que nos han precedido”.





EL CREDO DE LOS APÓSTOLES


Creo en Dios Padre,
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.
Amén.


CREDO NICENOCONSTANTINOPOLITANO


Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, JESUCRISTO,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz.
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el ESPÍRITU SANTO,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo la iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.



ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA

Ángel de Dios,
que eres mi custodio,
pues la bondad divina me ha
encomendado a ti, ilumíname,
dirígeme, guárdame.
Amén.

Ángel de Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Ni vivir, ni morir en pecado mortal. Jesús en la vida, Jesús en la muerte, Jesús para siempre. Amén.


Para pedir la protección del Cielo:



Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.
Amén.


ORACIONES A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo
contra las perversidad y asechanzas
del demonio.

Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tu príncipe de la milicia celestial
arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.  Amén.

(Aunque no es obligación, se puede continuar con gran provecho la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Conc. Vat. II.)

"Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos".

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, que  aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto espero no esperara;
lo mismo que te quiero te quisiera.  

Amén.

Fray Miguel de Guevara




LA HORA DEL ESPÍRITU


A nuestros corazones
La hora del Espíritu ha llegado,
La hora de los dones
Y del apostolado:
Lenguas de fuego y viento huracanado.

Oh, Espíritu, desciende:
Orando está la Iglesia que te espera:
Visítanos y enciende,
Como la vez primera,
Los corazones en la misma hoguera.
La fuerza y el consuelo,
El río de la gracia y de la vida
Derrama desde el cielo:
La tierra envejecida
Se renovará su faz reverdecida.
Gloria a Dios, uno y trino:
Al Padre Creador,  al Hijo amado,
Y Espíritu divino
Que nos ha regalado;
Alabanza y honor le sea dado. Amén.

                                     (Liturgia de las Horas)

PARA ORAR EN LA ENFERMEDAD

CREO EN TI

Cuando llega la dificultad y las pruebas, en los momentos de angustia, de duda o enfermedad, es bueno decir al Señor que seguimos creyendo en El.
1. Señor, Tu siempre me has dado
La fuerza necesaria,
y, aunque débil,
Creo en Ti.         

2. Señor, Tu siempre me has dado
La paz de cada día,
y, aunque angustiado,
Creo en Ti.

3. Señor, Tu siempre me has guardado
En la prueba,
Y, aunque estoy en ella,
Creo en Ti.

 4. Señor, Tu siempre has alumbrado
Mis tinieblas,
Y, aunque no tengo luz,
Creo en Ti.

ACEPTACIÓN DE LA ENFERMEDAD

Señor Jesús, la enfermedad ha llamado a la puerta de mi vida: una experiencia dura, una realidad difícil de aceptar. No obstante, te doy gracias por esta enfermedad: me ha hecho tocar con la mano la fragilidad y la precariedad de la humana existencia. Ahora miro todo con otros ojos: lo que soy y lo que tengo, no me pertenece, es un don tuyo. He descubierto qué quiere decir depender, tener necesidad de todo y de todos, no poder hacer nada solo.
He vivido la soledad y la angustia, también el afecto y la amistad de tantas personas.
¡Señor!, aunque me es difícil, repito: "¡Hágase tu voluntad!".
Te ofrezco mis sufrimientos y los uno a los de Cristo Crucificado.

Bendice las personas que me asisten y las que sufren por mí. Amén.



ORACIÓN POR LAS MISIONES

Protege, Señor,
a tus misioneros,
sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos,
que dejan todo
para dar testimonio
de tu palabra
y de tu amor.
En los momentos difíciles,
sosténlos,
consuela sus corazones,
y corona su trabajo
de frutos espirituales.
Y que tu imagen
del crucifijo
que les acompaña siempre,
hable a ellos de heroísmo,
de generosidad,
de amor y de paz. Amen

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Dios, Padre y Pastor
de todos los hombres,
Tú quieres que no falten hoy día,
hombres y mujeres de fe,
que consagren sus vidas
al servicio del evangelio
y al cuidado de la Iglesia.

Haz que tu Espíritu Santo
ilumine los corazones,
y fortalezca las voluntades de tus fieles,
para que, acogiendo tu llamado,
lleguen a ser los Sacerdotes y Diáconos,
Religiosos, Religiosas y Consagrados
que tu Pueblo necesita.

La cosecha es abundante, y los operarios pocos.
Envía, Señor, operarios a tu mies. Amén

ORACIÓN POR EL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA


Oraciones del papa Francisco Año de la Vida Consagrada 2015

Haz que vivamos el Evangelio del encuentro:
ayúdanos a humanizar la tierra y a crear fraternidad,
llevando las fatigas de quien está cansado
y no busca más,
la alegría de quien espera, de quien busca,
de quien custodia signos de esperanza.

Espíritu Santo, Fuego que ardes,
ilumina nuestro camino en la Iglesia y en el mundo.
Danos el coraje del anuncio del Evangelio
y la alegría del servicio en la cotidianidad de los días.
Abre nuestro espíritu a la contemplación de la belleza.

Custodia en nosotros la gratitud y la admiración por la creación,
haz que reconozcamos las maravillas
que tú realizas en todo viviente.

María, Madre del Verbo,
vela sobre nuestra vida de hombres y mujeres consagrados,
para que la alegría que recibimos de la Palabra
llene nuestra existencia, y tu invitación
a hacer lo que el Maestro dice (cf. Jn 2, 5)

nos encuentre activos intérpretes en el anuncio del Reino. Amén.

ALABANZAS AL DIOS ALTÍSIMO.


(S. Francisco de Asís)

Tú eres el Señor Dios;
Tú eres el Dios de los dioses, quien solo obras maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres Altísimo; tú eres Todopoderoso.
Tú santo Padre, Rey de la tierra y del cielo.
Tú eres trino y uno; Señor Dios de dioses.

Tú eres bueno, eres todo lo bueno,
eres el mayor bien; el Señor Dios, vivo y veraz.
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría; tú eres humildad.
Tú eres paciencia; tú fortaleza y prudencia.
Tú eres seguridad, tú eres descanso; tú eres gozo y contentamiento.
Tú eres justicia y templanza; tú eres todo nuestro tesoro y abundancia.
Tú eres la belleza, tú eres la suavidad; tú eres el protector;
Tú eres el guardián y el defensor.
Tú eres nuestro refugio y fortaleza;

Tú eres nuestra fe, esperanza y caridad.
Tú eres nuestra gran dulzura; tú eres nuestra vida eterna.
Infinita Bondad, grande y admirable Señor Dios Todopoderoso:
amante y misericordioso Salvador.

CÁNTICO DE LAS CRIATURAS


(S. Francisco de Asís)

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano Sol,
el cual es día y por el cual nos alumbras.
y él es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas;
en el cielo las has formado luminosas, y preciosas, y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire, y el nublado, y el sereno, y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil, y humilde, y preciosa, y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y él es bello, y alegre, y robusto, y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
pues por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!

Bienaventurados aquellos a quienes encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

ALABANZAS QUE SE HAN DE DECIR EN TODAS LAS HORAS.

(S. Francisco de Asís)


Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente,
el que es, y el que era, y el que ha de venir:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Digno eres, Señor Dios nuestro,
de recibir la alabanza, la gloria, el honor y la bendición:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Digno es el cordero que ha sido degollado de recibir el poderío,
y la divinidad, y la sabiduría, y la fuerza;
y el honor, y la gloria, y la bendición:

Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Bendecid al Señor todas las obras del Señor:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Alabad a nuestro Dios todos sus siervos
y los que teméis a Dios, pequeños y grandes.

Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Alaben al que es glorioso los cielos y la tierra.
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Y todas las criaturas del cielo y de la tierra,
y las que están bajo la tierra y el mar,
y todo lo que hay en él:

Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Como era en el principio y ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

Oración: Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, bien total, que eres el solo bueno, a ti te tributemos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición, y te restituyamos todos los bienes. Hágase. Amén

ORACIONES PIDIENDO AL SEÑOR


ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN

Oh Jesús, redención, amor y deseo nuestro, yo os invoco y clamo a Vos con un clamor grande y de todo corazón, os suplico que vengáis a mi alma, entréis en ella y la ajustéis y unáis tan bien con Vos que la poseáis sin arruga ni mancha alguna; pues la morada en que ha de habitar un Señor tan santo como Vos, muy justo es que esté limpia.

Vos habéis fabricado este vaso de mi corazón; santificadlo, pues; vaciadlo de la maldad que hay en él, llenadlo de vuestra gracia, y conservadlo lleno para que sea templo perpetuo y digno de Vos.

Dulcísimo, benignísimo, amantísimo, carísimo, potentísimo, deseadísimo, preciosísimo, amabilísimo y hermosísimo Señor, Vos sois más dulce que la miel, más blanco que la nieve, más suave que el maná, más precioso que las perlas y el oro, y más amado de mi alma que todos los tesoros y honras de la tierra.

Pero cuando digo esto, Dios mío, esperanza mía, misericordia mía, dulzura mía, ¿qué es lo que digo? Digo, Señor, lo que puedo y no digo lo que debo. ¡Oh si yo pudiese decir lo que dicen y cantan aquellos celestiales coros de ángeles! ¡Oh cuán de buena gana me emplearía todo en vuestras alabanzas, y con cuánta devoción, en medio de vuestros predestinados, cantaría mi alma vuestras grandezas, y glorificaría incesantemente vuestro santo nombre!

Como no hallo palabras para glorificaros dignamente os suplico no miréis tanto a lo que ahora digo, cuanto a lo que deseo decir.

Bien sabéis Vos, Dios mío, a quien todos los corazones están manifiestos, que yo os amo y quiero más que al cielo y a la tierra y a todas las cosas que hay en ella. Yo os amo con grande amor y deseo amaros más.

Dadme gracia para que siempre os ame cuanto deseo y debo, para que en Vos solo me desvele y medite, en Vos piense continuamente de día; en Vos sueñe de noche; con Vos hable mi espíritu, y mi alma siempre platique con Vos. Ilustrad mi corazón con la lumbre de vuestra santa visitación, para que, con vuestra gracia y vuestra dirección camine yo de virtud en virtud. Os suplico, Señor, por vuestras misericordias, con las cuales me librasteis de la muerte eterna, que ablandéis mi corazón, y que me abracéis con el fuego de la compunción, de manera que merezca yo ser cada hora vuestra hostia viva.


Dame Señor


Oración de la noche

Señor Jesús,

cuando el día ya termina,
y llega la noche,
te doy gracias por las alegrías
que he tenido hoy;
y te pido perdón por las veces
que he hecho sufrir a los demás.

Señor Jesucristo,
guárdame durante esta noche,
guarda a mis padres y hermanos,
guarda a mis familiares y amigos.

Y enséñame a quererte cada día más.

Amén


ORACIÓN PARA BENDICIÓN

Nuestro Señor Jesucristo que nos amó con un amor tan desmedidamente grande y que fue puesto sobre la Cruz de madera y condenado a la muerte más amarga: lave y bendiga tu alma con Su Sangre preciosa, en recuerdo del sufrimiento con el que pagó por ti, a fin de que tu amor arda para él. Que ese poderoso fuego de amor consuma todos tus pecados y te conceda reposar sobre Su Bendito Brazo, donde todos los santos reposan. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén


SALMO 103



1. Bendice al Señor, alma mía, alabe todo mi ser su santo Nombre.

2. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

3. El perdona todas tus ofensas y te cura de todas tus dolencias.

4. El rescata tu vida de la tumba, te corona de amor y de ternura.

5. El colma de dicha tu existencia y como el águila se renueva tu juventud.

6. El Señor obra en justicia y a los oprimidos les da lo que es debido.

7. Reveló sus caminos a Moisés y a los hijos de Israel sus proezas.

8. El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor;

9. si se querella, no es para siempre, si guarda rencor, es sólo por un rato.

10. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga según nuestras ofensas.

11. Cuanto se alzan los cielos sobre la tierra tan alto es su amor con los que le temen.

12. Como el oriente está lejos del occidente así aleja de nosotros nuestras culpas.

13. Como la ternura de un padre con sus hijos es la ternura del Señor con los que le temen.

14. El sabe de qué fuimos formados, se recuerda que sólo somos polvo.

15. El hombre: sus días son como la hierba, él florece como la flor del campo;

16. un soplo pasa sobre él, y ya no existe y nunca más se sabrá dónde estuvo.

17. Pero el amor del Señor con los que le temen es desde siempre y para siempre; defenderá a los hijos de sus hijos,

18. de aquellos que guardan su alianza y se acuerdan de cumplir sus ordenanzas.

19. El Señor ha fijado su trono en los cielos y su realeza todo lo domina.

20. Bendigan al Señor todos sus ángeles, héroes poderosos, que ejecutan sus órdenes apenas oyen el sonido de su palabra.

21. Bendigan al Señor todos sus ejércitos, sus servidores, para hacer su voluntad.

22. Bendigan al Señor todas sus obras, en todos los lugares de su dominio. ¡Bendice, alma mía, al Señor!





ACTO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Te doy gracias, Jesús mío, de todo corazón, porque has venido a mi alma. Virgen Santísima, Angel de mi guarda, Angeles y Santos del Cielo, dad por mi gracias a Dios.

GRACIAS, SEÑOR

Gracias, Señor,por la paz, la alegría y por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó. Gracias, Señor,por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron.

Gracias, Señor,por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron.

Gracias, Señor,

... me cuesta trabajo decírtelo,... por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto y engaño, la injusticia y soledad por el fallecimiento del ser querido. Tú lo sabes, Señor cuán difícil es fue aceptarlo; quizá estuve a punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta de que todo esto me acerco más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste!

Gracias, Señor,sobre todo por la fe que me has dado en Tí y en los hombres; por esa fe que se tambaleó, pero que Tú nunca dejaste de fortalecer, cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo, me hizo caminar en el sendero de la verdad, a pesar de la oscuridad.

Gracias, Señor,por el perdón que tantas veces debería haberte pedido, pero que por negligencia y orgullo he callado.
Gracias, Señor,por perdonar mis omisiones, descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mi necesidad y caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad.


Gracias, Señor,por dispensar los prejuicios a mis hermanos, mi falta de alegría y entusiasmo, mi falta de fe y confianza en Ti, mi cobardía y mi temor en mi compromiso.

Gracias, Señor,porque me han perdonado y yo no he sabido perdonar con la misma generosidad.

Gracias, Señor,por indultar mi hipocresía y doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido, pero que sé en el fondo no es más que engaño a mí mismo.
Gracias, Señor,por disculpar esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé y esas manos que no tendí y esa mirada que desvié, esos oídos que no presté, esa verdad que omití y ese corazón que no amé.

GRACIAS SEÑOR

Porque no desamparas al que confía en tí.

Porque cuando todo va mal y pongo mi vida en tus manos basta

un segundo para que todo sea maravilloso.

Gracias Señor, pues no poner oídos sordos a tus hijos quienes

recurren a tí reconociendo tu grandeza.

Aunque mis palabras son sencillas, aunque no se como agradecer,

lo hago de corazón, al igual que cuando levanté mis manos a Ti.

Lleno de lágrimas y con mi voz susurrante levanté mis manos y voz

hacia Ti y no me cerraste tus oídos. Aún cuando te hago a un lado y

no te busco escuchas mi voz y atiendes mis plegarias.

Tantas cosas quisiera decirte, pero hoy solamente te doy gracias

pues las lágrimas que ayer salían con tristeza, hoy lo hacen con

alegría...GRACIAS SEÑOR por escucharme aunque me había

alejado de Ti, pero Tu nunca de mi.

Amen


SALMOS DE INTERCESIÓN

SALMO 20


2. Que el Señor te responda en el día aciago y te proteja el Nombre del Dios de Jacob.

3. Que del Santuario te envíe socorro y desde Sión te venga su auxilio.

4. Que se acuerde de todas tus ofrendas y reciba con agrado tu holocausto.

5. Que te conceda según tus deseos y lleve a buen fin todos tus proyectos.

6. Que podamos celebrar tu victoria y enarbolar el nombre de nuestro Dios. ¡Que el Señor atienda todas tus peticiones!

7. Ahora sé que el Señor salva a su ungido; le respondió desde su santo cielo y le dio la victoria: su diestra hace proezas.

8. Unos en carros, otros a caballo, pero nosotros sólo recurrimos al nombre del Señor, nuestro Dios.

9. Ellos tropiezan y caen, mientras nosotros nos levantamos y nos recuperamos.

10. ¡Oh Señor, salva al rey, atiéndenos, pues hoy a ti clamamos!


SALMO 67


2. ¡Que Dios tenga piedad y nos bendiga, nos ponga bajo la luz de su rostro!

3. Para que conozcan en la tierra tu camino, tu salvación en todas la naciones.

4. Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias...

5. Que los poblados se alegren y te canten. Pues tú juzgas los pueblos con justicia, tú riges a los pueblos de la tierra.

6. Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias.

7. Ha entregado la tierra su cosecha, Dios, nuestro Dios, nos dio su bendición;

8. que nos bendiga Dios, y sea temido hasta los confines de la tierra.


ADORACIÓN




Rostro de Nuestro Señor Eterno Padre, yo te agradezco porque Tu infinito Amor me ha salvado, aún contra mi propia voluntad. Gracias, Padre mío, por Tu inmensa paciencia que me ha esperado. Gracias, Dios mío, por Tu inconmensurable compasión que tuvo piedad de mí. La única recompensa que puedo darte en retribución de todo lo que me has dado es mi debilidad, mi dolor y mi miseria.

Estoy delante Tuyo, Espíritu de Amor, que eres fuego inextinguible y quiero permanecer en tu adorable presencia, quiero reparar mis culpas, renovarme en el fervor de mi consagración y entregarte mi homenaje de alabanza y adoración.

Jesús bendito, estoy frente a Ti y quiero arrancar a Tu Divino Corazón innumerables gracias para mí y para todas las almas, para la Santa Iglesia, tus sacerdotes y religiosos. Permite, oh Jesús, que estas horas sean verdaderamente horas de intimidad, horas de amor en las cuales me sea dado recibir todas las gracias que Tu Corazón divino me tiene reservadas.

Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, me uno a Ti y te suplico me hagas partícipe de los sentimientos de Tu Corazón Inmaculado.

¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.


ORACIÓN DE SAN ALFONSO Mª LIGORIO



Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado tu mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en este iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.


EL MAGNIFICAT

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.



COMUNIÓN ESPIRITUAL

Creo, Dios mío, que estáis presente en el Santísimo Sacramento del Altar; os amo, os adoro y deseo recibiros; mas, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid por lo menos espiritualmente a mi corazón.

Como si hubieseis venido, yo me abrazo y uno a Vos: No permitáis que jamás me separe de Vos.

Así sea.


ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.

Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar.

Porque es: Dando, que se recibe; Perdonando, que se es perdonado; Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

https://www.youtube.com/watch?v=yoMVq-3db7s


ACEPTACIÓN DE LA VOLUNTAD DE DIOS
Señor, yo acepto de tu Mano, con ánimo y gustoso cualquier género de vida y muerte que quieras darme con sus amarguras, penas y dolores. Como prueba de mi amor para unirme a tu Redención por mí y mis hermanos, con la esperanza luminosa de la eterna felicidad junto a Ti.



ORACIÓN DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA


Padre Celestial, nos has dado un modelo de vida en la Sagrada Familia de Nazaret. Ayúdanos, Padre amado, a hacer de nuestra familia otro Nazaret, donde reine el amor, la paz y la alegría. Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística y vibrante con alegría. Ayúdanos a permanecer unidos por la oración en familia en los momentos de gozo y de dolor. Enséñanos a ver a Jesucristo en los miembros de nuestra familia especialmente en los momentos de angustia. Haz que el corazón de Jesús Eucaristía haga nuestros corazones mansos y humildes como el suyo y ayúdanos a sobrellevar las obligaciones familiares de una manera santa. Haz que nos amemos más y más unos a otros cada día como Dios nos ama a cada uno de nosotros y a perdonarnos mutuamente nuestras faltas como Tú perdonas nuestros pecados.



Ayúdanos, oh Padre amado, a recibir todo lo que nos das y a dar todo lo que quieres recibir con una gran sonrisa. Inmaculado Corazón de María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros. Santos Ángeles de la Guarda permaneced a nuestro lado, guiadnos y proteged-nos.



Amén.